La Cámara de Comercio de España ha analizado la situación de la política arancelaria de Estados Unidos con la Unión Europea, en el contexto actual en el que la incertidumbre comercial sigue siendo el principal factor de riesgo para la actividad exportadora, más que el nivel arancelario puntual. Recuerdan que el contexto internacional llegó a 2026 con una mejora del comercio en 2025 por adelantamiento de importaciones, pero con un deterioro previsto para 2026.
Además, para España, los datos de cierre de 2025 confirman un deterioro de la relación comercial bilateral de bienes con EE UU: las exportaciones españolas a EE. UU. cayeron un 8% y el déficit comercial bilateral aumentó un 34,4%.
La Comisión Europea exige a EEUU claridad y el cumplimiento íntegro del acuerdo UE–EEUU, incluyendo que los productos europeos mantengan el trato más competitivo y no se superen los topes arancelarios acordados. En este contexto, la situación sigue marcada por una elevada incertidumbre regulatoria.
Desde la Cámara se incide en que las relaciones comerciales entre la Unión Europea y Estados Unidos deben regirse por criterios de estabilidad, cumplimiento de compromisos y respeto a las reglas del comercio internacional. Por ello, en línea con la postura comunitaria, resulta esencial trabajar para que se respeten los compromisos comerciales previamente alcanzados entre la Unión Europea y Estados Unidos y que se eviten cambios unilaterales que incrementen la volatilidad y dificulten la planificación empresarial, la inversión y el mantenimiento de cadenas de suministro.
Recuerdan, al analizar lo sucedido el año pasado, que el marco UE-EE. UU. de agosto de 2025 evitó el peor escenario (un arancel general del 30%), pero consolidó una estructura arancelaria más exigente para buena parte de los productos europeos (tipo combinado de referencia del 15%) y no resolvió las disputas sobre el acero/aluminio/cobre. Aun así, ha aportado un grado de estabilidad muy necesario: no es el escenario ideal, pero sí un punto de equilibrio que preserva el acceso al mercado estadounidense y permite a las empresas planificar con mayor seguridad y horizonte temporal.
Ahora, y ante los últimos acontecimientos por la anulación de aranceles por parte del Tribunal Supremo de Estados Unidos y la respuesta de la Administración de Donald Trump, anunciando nuevos aranceles globales, la Unión Europea exige “plena claridad” a EE. UU. sobre el tratamiento de los compromisos asumidos tras la sentencia del Supremo.
Qué se pide
También reclama que los productos europeos mantengan el “trato más competitivo”, sin subidas arancelarias por encima del techo “claro e inclusivo” previamente acordado. Mientras que mantiene el canal de diálogo político-comercial para evitar una reinterpretación unilateral del acuerdo. Y preserva, al menos como herramienta disuasoria, instrumentos de respuesta comercial de la UE si se produjera una presión unilateral sostenida o un incumplimiento material del acuerdo.
Sobre la situación para España, se alude desde la Cámara de Comercio de España, que cabría identificar un efecto directo para España derivado de la imposición efectiva de un mayor nivel arancelario a las importaciones de bienes que realice EE. UU. Este efecto, en principio, sería limitado, ya que el grueso de las exportaciones españolas se dirige a la UE y resto de Europa (el 73,9% del total).
Se estima, entre otros aspectos, que el efecto agregado de la guerra comercial se mantendría acotado gracias a la fortaleza estructural del sector exterior español. En 2025, según la Secretaría de Estado de Comercio, 127.084 empresas españolas exportaron bienes, de las cuales 53.691 fueron exportadoras regulares, con presencia continua en los mercados internacionales durante al menos cuatro años consecutivos. Este núcleo estable, que concentra la gran mayoría del valor exportado, constituye la base de la resiliencia y competitividad del tejido exportador, capaz de diversificar destinos, adaptarse a los cambios regulatorios y mantener su posición en un entorno más proteccionista.
En definitiva, el proteccionismo ha introducido fricciones y costes, pero también puede servir como un acelerador de modernización para la internacionalización española. Las compañías que han diversificado mercados, incorporado tecnología y reforzado su presencia local en destinos estratégicos no solo han resistido, sino que han salido fortalecidas y mejor preparadas para competir en el nuevo escenario global.
A tener en cuenta por las empresas
En este contexto, la prioridad empresarial pasa por preservar margen y acceso al mercado mediante medidas vinculadas a la gestión contractual, operativa y comercial basada en escenarios.
Como revisar contratos con clientes/distribuidores en EE. UU. para incluir cláusulas de revisión de precios (cláusulas de traspaso de aranceles, “tariff pass-through”) y establecer mecanismos de renegociación por cambio normativo.
O actualizar el mapa de exposición por producto (código arancelario HS), cliente y Estado/puerto de entrada en EE. UU. En particular, es clave distinguir qué referencias están sujetas a exención, al arancel del 15%, a la aplicación de las medidas de la Sección 232 o están en riesgo de futuras investigaciones. Así como preparar escenarios de margen y liquidez (base / tensión / reescalada) con especial atención a empresas con ciclos largos de cobro y producción a medida. Y acelerar la diversificación comercial y de canales (UE, Reino Unido, Canadá, Asia, Oriente Medio, África) sin abandonar EE. UU., pero reduciendo la eventual dependencia excesiva de un único mercado.
Cómo está la situación actual para 2026
En términos cualitativos, el patrón observado en 2025 es coherente con un doble efecto: encarecimiento del acceso al mercado estadounidense para parte de la oferta española y europea; y persistencia de la demanda española de ciertos suministros estratégicos procedentes de EE. UU. (por ejemplo, energía/gas y medicamentos), lo que contribuye a ampliar el déficit bilateral.
La exposición directa de España al mercado estadounidense sigue siendo limitada (4,3% de las exportaciones de bienes y 6,8% de las importaciones de bienes en 2025), lo que mitiga el impacto macro agregado, pero no evita impactos sectoriales y territoriales significativos para empresas con alta concentración en EE. UU.
El riesgo para 2026 aumenta si se combinan aranceles efectivos elevados, volatilidad regulatoria, revisión de exenciones, y enfriamiento del comercio mundial. Así, las empresas con menor margen financiero, menor capacidad de repercutir costes y menor diversificación geográfica serán previsiblemente las más vulnerables.
En este contexto, cualquier avance que refuerce la seguridad jurídica en el comercio internacional sería positivo, pero la situación tras la decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos sigue marcada por una elevada incertidumbre regulatoria. En especial, para las pymes exportadoras, debido a la posibilidad de cambios en plazos, tipos arancelarios, alcance de los productos afectados y condiciones de aplicación.
Se inciden en la necesidad de trabajar para que se respeten los acuerdos alcanzados entre Estados Unidos y la UE.