Ante la situación internacional actual, desde la Cámara de Comercio de España se pronostica un escenario de volatilidad en el corto plazo y una reconfiguración de los flujos comerciales en el medio plazo que obligará a las empresas españolas a extremar la prudencia y acelerar sus planes de contingencia.
Se traslada un mensaje de serenidad combinado con una vigilancia extrema. Aunque España no depende comercialmente de Irán de forma crítica, el impacto en términos energéticos y sobre la estabilidad de los mercados financieros puede ser relevante.
Ante estas circunstancias debe destacarse que el sector exterior español ha demostrado en crisis anteriores (2008, COVID-19, Ucrania) una notable capacidad de adaptación. La resiliencia de nuestras empresas pasará por su capacidad de diversificación geográfica y por una gestión financiera ortodoxa que permita absorber el incremento de los costes operativos. Sin perjuicio de que la actual crisis en Oriente Medio nos obliga a acelerar la transición hacia una menor dependencia de los combustibles fósiles y a fortalecer nuestros lazos comerciales con mercados más estables.
Cabe apuntar que el principal riesgo para la economía española no reside en el volumen de intercambio con Irán, sino en la vulnerabilidad energética. El Estrecho de Ormuz es un punto neurálgico del comercio mundial de crudo y gas licuado (GNL).
A corto plazo, el barril de Brent ya ha experimentado repuntes cercanos al 10%, con proyecciones que no descartan alcanzar los 100 dólares si el conflicto se cronifica. Esto se traduciría de forma inmediata en un encarecimiento de los costes de transporte y producción para las empresas españolas, además de una presión al alza sobre el IPC que podría retrasar la flexibilización de tipos por parte del BCE.
En el medio plazo, y aunque España ha diversificado sus fuentes (dependiendo solo en un 5% del crudo que transita por Ormuz), el alza global de precios de los hidrocarburos y el gas natural afectaría a la inflación y al deterioro de la competitividad de nuestra industria electro-intensiva. Por otra parte, y aunque España tiene exposición limitada, una desaceleración global reduciría la demanda externa y contribuiría a desacelerar las exportaciones. El avance de la incertidumbre deterioraría los flujos de capital extranjero hacia mercados emergentes y complicaría financiación internacional para empresas multinacionales con exposición a la región.
El alcance definitivo de las disrupciones mencionadas quedará supeditado, en última instancia, a la duración y la intensidad de la escalada bélica. Bajo un supuesto de resolución o estabilización en el corto plazo, estimado en un horizonte de pocas semanas, los efectos sobre el tejido empresarial español podrían quedar acotados a episodios de volatilidad transitoria en los mercados financieros y ajustes puntuales en los costes logísticos, permitiendo una recuperación ágil de la normalidad operativa. Por el contrario, una cronificación del conflicto transformaría estas perturbaciones coyunturales en daños estructurales de difícil reversión, obligando a una reconfiguración más profunda, costosa y permanente de las estrategias de internacionalización y suministro de nuestras compañías.
Ante el escenario actual, desde la Cámara de Comercio se han lanzado recomendaciones para las empresas con intereses en la región o dependientes de los precios energéticos. Así, deberían considerar las siguientes medidas:
- Gestión de riesgos financieros y contractuales:
- Revisión de cláusulas de «fuerza mayor»: auditar los contratos vigentes para determinar si la situación de conflicto permite la suspensión de obligaciones sin penalización.
- Aseguramiento del cobro: para operaciones pendientes, se recomienda el uso de cartas de crédito confirmadas por bancos de terceros países no expuestos al conflicto.
- Cobertura de tipo de cambio: la volatilidad del euro frente al dólar (moneda de referencia en energía) exige instrumentos de cobertura para proteger los márgenes operativos. Las coberturas de precio sobre el crudo y el gas natural, son especialmente relevantes para empresas industriales con alta intensidad energética.
- Reforzar las relaciones con instituciones financieras europeas para asegurar financiación estable y evitar penalizaciones de contrapartes sensibles a sanciones extraterritoriales.
- Logística y cadena de suministro:
- Diversificación de rutas: evaluar alternativas al transporte marítimo que transita por el Golfo Pérsico, considerando el encarecimiento de los fletes y las primas de riesgo de guerra en los seguros marítimos.
- Almacenamiento de inventario crítico: las empresas industriales deben asegurar un stock de materias primas provenientes de la zona para evitar paradas de producción.
- Vigilancia cumplimiento (Compliance):
- Establecer un protocolo de seguimiento del conflicto con actualización periódica y vinculada a la gestión de riesgos corporativa, apoyada en fuentes institucionales
- Seguimiento de los cambios: existe una alta probabilidad de que la comunidad internacional endurezca el régimen de sanciones. Las empresas deben actualizar sus protocolos para evitar operar con entidades o personas que puedan ser incluidas en «listas negras» de forma inminente.